lunes, 10 de mayo de 2010

Noticias del baloncesto NBA Lunes 10/05/2010

EL BASE CANADIENSE ACABÓ TOCADO LA SERIE... PERO FELIZ POR ELIMINAR A SAN ANTONIO

A Nash primero la parten la nariz, luego la ceja... y se venga de los Spurs:

Aquí tienen el Link del video: Pulse Aquí

 

 

Rajon Rondo baja los humos a LeBron con un triple doble sobrehumano




  • · El base explotó con 29 puntos, 18 rebotes y 13 asistencias, unas cifras de escándalo que dieron el triunfo a los Celtics



La figura del base Rajon Rondo brilló más que nunca con un triple doble que permitió a los Boston Celtics ganar por 97-87 a los Cleveland Cavaliers en el cuarto partido de la semifinal de la Conferencia Este, que se encuentra empatada 2-2 en la serie que disputan al mejor de siete.
Rondo dio toda una exhibición de juego al conseguir 29 puntos, 18 rebotes, 13 asistencias y dos recuperaciones de balón en los 47 minutos que jugó, con sólo 60 segundos de descanso en todo el partido.
El base estrella de los Celtics, que en la primera parte ya había conseguido 18 puntos, ocho rebotes y siete asistencias, anotó 9 de 21 tiros de campo, falló un intento de triple y acertó 11 de 16 lanzamientos desde la línea de personal.
Tampoco brilló esta vez el alero estrella de los Cavaliers, LeBron James, que se tuvo que conformar con sólo 22 puntos, los mismos que anotó en el primer cuarto del tercer partido.
Con James sin hacer daño en el juego ofensivo, los Cavaliers perdieron todas las opciones de luchar por el triunfo final porque demostraron que a nivel de equipo son inferiores a los Celtics.
El alero estrella de los Cavaliers jugó 43 minutos para anotar 7 de 18 tiros de campo, falló los cinco intentos de triples, acertó 8 de 11 lanzamientos de personal, capturó nueve rebotes, repartió ocho asistencias, recuperó dos balones y puso un tapón.
DOC RIVERS
"Simplemente, Rajon se cargó al equipo sobre sus hombros y nos llevo a un gran triunfo "
"No fuimos el mismo equipo del tercer partido ni ellos tampoco nos facilitaron las cosas", declaró Mike Brown, entrenador de los Cavaliers. "Logramos el objetivo de recuperar la ventaja de campo, ahora debemos mantenerla si queremos estar en las finales de la Conferencia Este". Los Cavaliers como equipo lograron el 40 por ciento de acierto en los tiros de campo, el 19 (4-21) de triples y el 74 (29-39) de personal.



VICTORIA DE LOS DE FLORIDA POR 30 PUNTOS EN LA CASA DE LOS HAWKS

Orlando da otra paliza a Atlanta y convierte la serie en una masacre




Dwight Howard trata de elevarse ante Horford y Josh Smith
  • · Orlando tiene en esta serie la segunda mayor diferencia en una eliminatoria de toda la historia · Orlando pasó por encima a Atlanta, confirmando que esta serie está muerta



El dominio y superioridad de los Magic de Orlando ante los Hawks de Atlanta en las semifinales de la Conferencia Este volvió a quedar plasmado en la victoria por 105-75 obtenida a domicilio en el tercer partido de la serie, lo que les deja a sÓlo un triunfo de las finales.
Esta vez el líder fue el alero Rashard Lewis, que aportó 22 puntos, pero los Magic como equipo dieron una exhibición de juego de conjunto para ponerse con la ventaja de 3-0 y estar a sólo un triunfo más para llegar de nuevo a las finales de la Conferencia Este y defender el título de campeones.
Los Magic tienen todo en su plantilla, titulares que definen y un banquillo que responde también con una gran producción, como sucedió ante los Hawks, a los que no les sirvió de nada la ventaja de campo, y llegaron a estar hasta 32 puntos por detrás en el marcador.
El pívot Dwight Howard esta vez fue más humano, aunque no perdió la oportunidad de conseguir otro 'doble-doble' de 21 puntos y 16 rebotes para imponer su presencia bajo los aros y ganarle de principio a fin el duelo al dominicano Al Horford.
Lewis estuvo inspirado en los triples al conseguir cuatro que le permitieron romper la defensa de los Hawks desde el perímetro, mientras que el base Jameer Nelson aportó 14 puntos y el escolta francés Mickael Pietrus, que se consolida como sexto jugador, llegó a los 13 tantos.
El pívot polaco Marcin Gortat, que dio descanso a Howard, aportó seis rebotes en menos de 10 minutos y 10 jugadores de los Magic que salieron al campo anotaron al menos una canasta.
El partido no sólo dejó a los Magic con el triunfo, sino que también les puso dentro del libro de las mejores marcas que hasta ahora se han conseguido en la competición de la fase final.
Los Magic, después de haber completa tres partidos de la eliminatoria, tienen la segunda diferencia mayor de puntos en la historia de la fase final con +29 de promedio, sólo superados por los 31,7 puntos de Los Ángeles Lakers en la series de 1986 contra los Spurs de San Antonio.
El escolta Jamal Crawford volvió a ser el máximo encestador para los Hawks al conseguir 22 puntos, mientras que el ala-pívot Josh Smith aportó un 'doble-doble' de 15 puntos y 11 rebotes, pero como equipo los Hawks se quedaron con sólo un 35 por ciento de acierto en los tiros de campo por el 51 de los Magic.


EL ACTUAL CAMPEÓN GANA UN PARTIDAZO EN LA CANCHA DE LOS UTAH JAZZ

Los Lakers ganan un partido de leyenda y muestran a la NBA que son favoritos




Fisher lanza un tiro decisivo a 30 segundos del final
  • · En uno de los mejores partidos de la temporada, los Lakers pudieron sobrepasar a unos descomunales Jazz · Kobe estuvo de 10, Pau (14-17) fue decisivo en el tercer cuarto, Artest las clavó de fuera... pero el alma fue Derek Fisher



En un partido en el que se jugaron algunos de los minutos de baloncesto más brillantes de esta temporada, Los Angeles Lakers ganaron en un final de infarto un encuentro en el que Utah lo hizo todo para vencer. Los Jazz tuvieron el tiro para ganar, pero perdieron.
Es imposible que un equipo gane partidos sólo con dos jugadores a tope, pero si son cuatro, a los Lakers no les va a hacer falta mucho más. Así las cosas, con Gasol sólo apareciendo en el tercer cuarto (recibía constantes dos contra uno al poste que él utilizaba para invertir el juego y crear espacios) y Bynum y Odom buscando setas todo el encuentro, los tiros de Ron Artest y, sobre todo, Derek Fisher fueron el factor diferencial que acompañó a Kobe Bryant para llevarse un partido que lo normal es perder.
Porque Utah jugó muy bien: planteó la defensa con mucha inteligencia, con un montón de ayudas y dejando tirar a Artest, y la vuelta de Kirilenko se notó una barbaridad en la intensidad global. Pero en unos últimos minutos para recordar, posiblemente los mejores momentos de baloncesto de toda la temporada, los dos equipos jugaron a un nivel increíble y los Lakers acabaron venciendo porque, como si del boxeo de tratara, en el intercambio de golpes conectaron la mano más certera.
Y esa mano fue de Derek Fisher. Una vez más, justificó su sueldo de todo el año con lanzamientos decisivos durante todo el partido. Kobe se había emperrado en jugar uno contra el mundo en dos jugadas seguidas a tres minutos para acabar, y parecía que los Lakers se morían de inanición. Pero de repente Odom (cinco puntos seguidos cuando antes ni había aparecido) y un triple 'made in Fish' a 28 segundos del final le dieron medio partido a los Lakers.

Estadísticas Pau Gasol

Rival: Utah Jazz
T2 T3 T1 Asis. R.T Min. Punt.
6-12 0-0 2-2 3 17 42:00 14
Aun así, un lamentable festival de despropósitos de los árbitros, que se tragaron el pito en una falta de Fisher a Boozer y en otra posterior, todavía más clara, de Matthews a Fish, le dieron la última bola a los Jazz a 4,4 segundos del final. Deron Williams tiró y falló, pero Wes Matthews surcó el cielo para lograr un palmeo claro... que no entró. Victoria de los Lakers, 3-0 y la eliminatoria sentenciada.
La moraleja para los Lakers es clara: sin el mejor Gasol y con Odom y Bynum casi desaparecidos, aparecieron Fisher y Artest para acompañar a Kobe. No les hizo falta ni el banquillo para ganar un partido durísimo con todo en contra: Kirilenko volvió y revolucionó a su equipo, Kyle Korver se disfrazó de Larry Bird para meterlo todo y Deron Williams tuvo momentos brillantes. Sloan preparó un sistema de ayudas brutalmente bueno. El EnergySolutions apretó como ningún otro público de la NBA sabe hacer. Y aun así, los Lakers se llevaron un brillante partido.
Los Lakers son campeones y quien quiera arrebatarles el anillo va a tener que sudar hasta deshidratarse. Como campeones, y por su juego y experiencia, hasta que nadie demuestre lo contrario son los favoritos para ganar la NBA.



VICTORIA CONTUNDENTE DE UN EQUIPO QUE ENAMORA Y AMENAZA

Los alegres Suns aplastan a los desagradables Spurs y desafían a los Lakers




  • · Impresionante 'sweep' de los Suns a San Antonio · Recordando viejos tiempos, Steve Nash recibió un golpe de contra los Spurs y recibió siete puntos · Phoenix da un golpe de efecto y muestra su candidatura al anillo




Los Suns de Phoenix superaron el escollo que representaban los Spurs de San Antonio y tras vencerles por 107-101 en el cuarto partido de las semifinales de la Conferencia Oeste (4-0), alcanzaron el objetivo de las finales, donde se enfrentarán a los Lakers o los Jazz.
La barrida y eliminación de los Spurs puso final a siete años de frustraciones por parte de los Suns, que fueron eliminados cuatro veces consecutivas en la competición de la fase final.
Ni un codazo involuntario del ala-pívot Tim Duncan, que le produjo un corte sobre la ceja del ojo derecho que necesitó de seis puntos de sutura, impidió al base canadiense Steve Nash ser la gran figura del partido, junto con el ala-pívot Amare Stoudemire, que definieron el triunfo con una actuación memorable en el cuarto periodo.
El acierto encestador de ambos, que se combinaron para sumar 22 de los 35 puntos que anotaron los Suns en el último cuarto, permitió al equipo de Phoenix volver a las finales de la Conferencia Oeste por primera vez desde el 2006.
El ala-pívot dominó las acciones desde dentro de la pintura para liderar el ataque de los Suns con 29 puntos, incluidos 12 en el cuarto periodo, y cinco rebotes después de jugar 38 minutos y anotar 10 de 17 tiros de campo y 9-10 desde la línea de personal.
Nash, que jugó todo el cuarto periodo con el ojo derecho prácticamente cerrado por la inflamación de la ceja, no le impidió dirigir de forma magistral las acciones de su equipo, ganarle el duelo individual al base francés Tony Parker, y concluir el partido con 20 puntos y nueve asistencias.
El base canadiense, que se convirtió en el segundo máximo encestador de los Suns, aportó 10 tantos en el cuarto periodo.
El escolta Jared Dudley con 16 puntos, incluidos 3-3 triples, también les hizo mucho daño a los Spurs al ser el líder encestador de los reservas de los Suns que aportaron 41 tantos por 31 del equipo tejano.
Por los Spurs, Parker con 22 puntos, cinco asistencias y cinco rebotes, encabezó una lista de seis jugadores que tuvieron dobles dígitos, pero al final, como había sucedido en los partidos anteriores, en los momentos decisivos nadie marcó los puntos que el equipo necesitaba.
Duncan aportó 17 puntos, pero falló tres decisivos desde la línea de personal en la recta final del partido, mientras que el base reserva George Hill también alcanzó la misma anotación.
Hill iba a ser el que le dio a los Spurs última esperanza cuando completó jugada de cuatro puntos -triple y personal- con 25,5 segundos por disputarse y marcador de 101-103.
Los Spurs, que llegaron empatados en el marcador (77-77) con 9:36 minutos por jugarse, vieron como tras fallar el pívot canadiense Matt Bonner un intento de triple, Nash sí acertó y el marcador de 77-80 iba a ser decisivo para que los Suns se apoderasen del momento en las acciones ofensivas y comenzasen a soñar en las finales.


Aqui les dejo un link con las fotos de los:
PARTIDOS 

Y los Recaps de los Partidos:
 SUNS-SPURS

CLEVELAND-BOSTON


 

Arenas fuera de la cárcel

ilbert Arenas vuelve a ser un hombre libre:

El polémico jugador de los Wizards cumplió una sentencia de un mes libertad vigilada, que le obligó a dormir todas las noches en un centro de rehabilitación:

El base estrella de los Wizards de Washington, Gilbert Arenas, ya es un ciudadano libre después de haber cumplido un mes y dormir todas las noches en un centro de rehabilitación.
Wizards, que no quiso hablar con los periodistas, además de cubrirse el rostro con una capucha, llegó a su residencia de Great Fallas, en Virginia, y alguien desde dentro le tuvo que dar el código de entrada para poder abrir las puertas de seguridad y entrar en su domicilio.
El polémico jugador de los Wizards cumplió una sentencia de un mes libertad vigilada, que le obligó a dormir todas las noches en un centro de rehabilitación.
Sin embargo, Arenas tiene todavía dos años de libertad condicional tras haberse declarado culpable de tenencia de armas en el vestuario de los Wizard durante un enfrentamiento por un juego de cartas con su compañero de equipo, el base Javaris Crittenton.

Aquí les dejo uno de sus videos:


Puedes verlo también aquí:






domingo, 9 de mayo de 2010

Noticias del baloncesto NBA del viernes 09/05/2010

NBA:
VICTORIA DE LOS DE FLORIDA POR 30 PUNTOS EN LA CASA DE LOS HAWKS

Orlando da otra paliza a Atlanta y convierte la serie en una masacre

· Orlando tiene en esta serie la segunda mayor diferencia en una eliminatoria de toda la historia · Orlando pasó por encima a Atlanta, confirmando que esta serie está muerta



    El dominio y superioridad de los Magic de Orlando ante los Hawks de Atlanta en las semifinales de la Conferencia Este volvió a quedar plasmado en la victoria por 105-75 obtenida a domicilio en el tercer partido de la serie, lo que les deja a sÓlo un triunfo de las finales.
    Esta vez el líder fue el alero Rashard Lewis, que aportó 22 puntos, pero los Magic como equipo dieron una exhibición de juego de conjunto para ponerse con la ventaja de 3-0 y estar a sólo un triunfo más para llegar de nuevo a las finales de la Conferencia Este y defender el título de campeones.
    Los Magic tienen todo en su plantilla, titulares que definen y un banquillo que responde también con una gran producción, como sucedió ante los Hawks, a los que no les sirvió de nada la ventaja de campo, y llegaron a estar hasta 32 puntos por detrás en el marcador.
    El pívot Dwight Howard esta vez fue más humano, aunque no perdió la oportunidad de conseguir otro 'doble-doble' de 21 puntos y 16 rebotes para imponer su presencia bajo los aros y ganarle de principio a fin el duelo al dominicano Al Horford.
    Lewis estuvo inspirado en los triples al conseguir cuatro que le permitieron romper la defensa de los Hawks desde el perímetro, mientras que el base Jameer Nelson aportó 14 puntos y el escolta francés Mickael Pietrus, que se consolida como sexto jugador, llegó a los 13 tantos.
    El pívot polaco Marcin Gortat, que dio descanso a Howard, aportó seis rebotes en menos de 10 minutos y 10 jugadores de los Magic que salieron al campo anotaron al menos una canasta.
    El partido no sólo dejó a los Magic con el triunfo, sino que también les puso dentro del libro de las mejores marcas que hasta ahora se han conseguido en la competición de la fase final.
    Los Magic, después de haber completa tres partidos de la eliminatoria, tienen la segunda diferencia mayor de puntos en la historia de la fase final con +29 de promedio, sólo superados por los 31,7 puntos de Los Ángeles Lakers en la series de 1986 contra los Spurs de San Antonio.
    El escolta Jamal Crawford volvió a ser el máximo encestador para los Hawks al conseguir 22 puntos, mientras que el ala-pívot Josh Smith aportó un 'doble-doble' de 15 puntos y 11 rebotes, pero como equipo los Hawks se quedaron con sólo un 35 por ciento de acierto en los tiros de campo por el 51 de los Magic.


    DESTACA LA FORTALEZA MENTAL DE LOS LAKERS EN LOS MOMENTOS DELICADOS

    Pau Gasol: "No nos asustamos"


    · Jazz y Lakers volverán a medirse la madrugada del lunes al martes y un triunfo angelino supondría la clasificación para la final de la Conferencia Oeste.


      Pau Gasol destacó la fortaleza mental de los Lakers como uno de los puntos fuertes que están guiando al vigente campeón de la NBA en la serie de 'playoffs' frente a Utah Jazz, que dominan por tres victorias tras el agónico triunfo de la pasada madrugada en Salt Lake City.
      "Encontramos un camino para la victoria, no importa quien lo consiga. Todos podemos ser productivos, contribuyendo de una manera u otra"
      "Somos capaces de mantenerlos en el partido durante 40 minutos aunque no tengamos el liderato el marcador o no estemos cómodos. Estuvimos abajo como la mayor parte del partido, pero no nos asustamos por ello. Continuamos jugando fuerte y esperamos nuestra oportunidad", señaló Pau tras la victoria.
      En un encuentro con "baloncesto de alto nivel", los Lakers se llevaron el triunfo gracias a su rendimiento coral. "Encontramos un camino para la victoria, no importa quien lo consiga. Todos podemos ser productivos, contribuyendo de una manera u otra. Todos hicimos un buen trabajo luchando y defendiendo", ensalzó.
      "Sería maravilloso acabar la serie el lunes, pero obviamente va a ser muy difícil. Será otro partido muy duro"
      El catalán reconoció que su equipo "no estuvo bien" durante la primera parte del partido porque Utah jugó de forma "agresiva", consciente de que se jugaba gran parte de sus opciones en la eliminatoria. "Un tiro, un rebote, las pequeñas cosas cambian el partido", apuntó Gasol.
      "Sería maravilloso acabar la serie el lunes, pero obviamente va a ser muy difícil. Será otro partido muy duro", avisó.

      DA LA SENSACIÓN DE QUE QUIERE MÁS RECONOCIMIENTO POR PARTE DE SU ENTRENADOR

      Ron Artest la lía en su Twitter criticando a Phil Jackson... y luego negándolo


      · Primero criticó por partida doble a su entrenador, para luego negarlo y justificar sus palabras dejando caer que había pirateado su cuenta de Twitter


        Cuando los Lakers ficharon a Ron Artest eran plenamente consciente de que introducían en su vestuario un arma de doble filo.
        Con la llegada del combativo alero los de púrpura y oro se aseguraban la presencia de uno de los jugadores más intensos de la NBA, pero también la de un personaje con una capacidad magnética para atraer la polémica.


        En segundo partido de la serie contra los Jazz el ex de los Rockets jugó sus mejores minutos con la camiseta de los Lakers, pero al acabar el partido utilizó su famosa cuenta de Twitter para rajar contra Phil Jackson
        "Phil Jackson no habló de mí a los medios tras el primer partido contra los Jazz. Tras mi buen segundo partido ojalá lo haga", escribió Artest en su twitter
        Una hora después se descolgó con un "cada vez que Phil menciona algo sobre mí a los medios antes de hablar conmigo me extraño".
        Para descolgarse de esas declaraciones Daniel, el hermano de Ron, escribió en el Twitter "¿Quién ha hackeado el twitter de Ron?", y más tarde Artest dijo que "yo nunca he criticado a mi entrenador".
        "Yo estoy aquí para hablar de baloncesto, balonceso y baloncesto... El Twitter es para mis aficionados", dijo Artest a la prensa de Los Ángeles para zafarse de las preguntas con las que le acosaban.

        EN BOSTO LE EXIGEN A PIERCE QUE SEA AGRESIVO TANTO EN ATAQUE... COMO EN DEFENSA CONTRA LEBRON

        Claro recado de Garnett a Pierce: "Necesitamos que sea más agresivo"





        Kevin Garnett charlando con Paul Pierce
        • · Doc Rivers, entrenador de los Celtics, pone en duda la lesión en el codo de LeBron James

        La normalidad ha vuelto al juego ganador de los Cavaliers al mejorar el codo derecho de su estrella LeBron James y también al perdedor de los Celtics al ver como su líder encestador, Paul Pierce, sigue sin encontrar su mejor toque de muñeca.
        Kevin Garnett
        "Sólo necesitamos que Paul sea agresivo, en ambos extremos de la cancha. Punto, no hay más que comentar".
        Estos dos factores son los que han permitido que los Cavaliers tengan ventaja de 2-1 en la eliminatoria semifinal de la Conferencia Este que disputan al mejor de siete.
        El cuarto partido servirá para que los Celtics comprueben sin Pierce es capaz de reencontrarse con su mejor versión encestadora y si pueden detener a 'King' James para no caer en el abismo de una desventaja de 1-3.
        Doc Rivers
        "Obviamente queremos que Paul Pierce se involucre más; tiene que mejorar su ritmo"
        "Sólo necesitamos que Paul sea agresivo", declaró Kevin Garnett. "En ambos extremos de la cancha. Punto, no hay más que comentar".
        "Obviamente queremos que se involucre más; tiene que mejorar su ritmo", admitió el entrenador de los Celtics, Doc Rivers, después de trabajar el sábado con el equipo. "El cuarto partido va a ser muy importante para nosotros".



        EL BASE DE LOS LAKERS VIVIÓ OTRO DÍA INFERNAL CON SU ANTIGUA AFICIÓN ABUCHEÁNDOLO

        Fisher: "Si fuera un obrero, en Utah no me pitarían"

        Los aficionados de los Jazz abuchean a su antiguo jugador · La razón, que en su día pidió irse para estar más cerca de su hija enferma

          Hay veces que los deportes se convierten en el terreno para el desagradecimiento y los malos sentimientos. Fisher dejó Utah para poder cuidar de su hija enferma y los aficionados no pararon de reprocharle que se fuera pitándole con saña.
          "Esto es deporte, y por alguna razón, la gente se lo toma de otra manera"
          Derek Fisher, que llegó a aparecer en el descanso de un partido de playoffs cuando jugaba en Utah tras venir del hospital, donde a su hija de 11 meses acababa de serle extirpado un tumor del cerebro, pidió al final de esa campaña ser traspasado para estar más cerca del hospital que mejor podía tratarla del país. Los lakers eran su lugar ideal y los Jazz lo entendieron: le dejaron libre.
          Sin embargo, la afición parece que no. Cada vez que Fisher vuelve a Salt Lake City, es abucheado por la supuesta traición. "Si fuera un obrero, o un policía o un librero y pidiera irme a otra ciudad, me elogiarían por tomar esa decisión por mi familia. Pero esto es deporte, y por alguna razón, la gente se lo toma de otra manera", declaró el base al final del partido.
          Fisher fue clave en el tercer encuentro, con 20 puntos y canastas clave durante todo el encuentro. Pau Gasol le ha puesto como ejemplo del compañero perfecto.


          EL ACTUAL CAMPEÓN GANA UN PARTIDAZO EN LA CANCHA DE LOS UTAH JAZZ

          Los Lakers ganan un partido de leyenda y muestran a la NBA que son favoritos


          · En uno de los mejores partidos de la temporada, los Lakers pudieron sobrepasar a unos descomunales Jazz · Kobe estuvo de 10, Pau (14-17) fue decisivo en el tercer cuarto, Artest las clavó de fuera... pero el alma fue Derek Fisher



            En un partido en el que se jugaron algunos de los minutos de baloncesto más brillantes de esta temporada, Los Angeles Lakers ganaron en un final de infarto un encuentro en el que Utah lo hizo todo para vencer. Los Jazz tuvieron el tiro para ganar, pero perdieron.
            Es imposible que un equipo gane partidos sólo con dos jugadores a tope, pero si son cuatro, a los Lakers no les va a hacer falta mucho más. Así las cosas, con Gasol sólo apareciendo en el tercer cuarto (recibía constantes dos contra uno al poste que él utilizaba para invertir el juego y crear espacios) y Bynum y Odom buscando setas todo el encuentro, los tiros de Ron Artest y, sobre todo, Derek Fisher fueron el factor diferencial que acompañó a Kobe Bryant para llevarse un partido que lo normal es perder.
            Porque Utah jugó muy bien: planteó la defensa con mucha inteligencia, con un montón de ayudas y dejando tirar a Artest, y la vuelta de Kirilenko se notó una barbaridad en la intensidad global. Pero en unos últimos minutos para recordar, posiblemente los mejores momentos de baloncesto de toda la temporada, los dos equipos jugaron a un nivel increíble y los Lakers acabaron venciendo porque, como si del boxeo de tratara, en el intercambio de golpes conectaron la mano más certera.
            Y esa mano fue de Derek Fisher. Una vez más, justificó su sueldo de todo el año con lanzamientos decisivos durante todo el partido. Kobe se había emperrado en jugar uno contra el mundo en dos jugadas seguidas a tres minutos para acabar, y parecía que los Lakers se morían de inanición. Pero de repente Odom (cinco puntos seguidos cuando antes ni había aparecido) y un triple 'made in Fish' a 28 segundos del final le dieron medio partido a los Lakers.

            Estadísticas Pau Gasol

            Rival: Utah Jazz
            T2 T3 T1 Asis. R.T Min. Punt.
            6-12 0-0 2-2 3 17 42:00 14
            Todo sobre Pau Gasol
            Aun así, un lamentable festival de despropósitos de los árbitros, que se tragaron el pito en una falta de Fisher a Boozer y en otra posterior, todavía más clara, de Matthews a Fish, le dieron la última bola a los Jazz a 4,4 segundos del final. Deron Williams tiró y falló, pero Wes Matthews surcó el cielo para lograr un palmeo claro... que no entró. Victoria de los Lakers, 3-0 y la eliminatoria sentenciada.
            La moraleja para los Lakers es clara: sin el mejor Gasol y con Odom y Bynum casi desaparecidos, aparecieron Fisher y Artest para acompañar a Kobe. No les hizo falta ni el banquillo para ganar un partido durísimo con todo en contra: Kirilenko volvió y revolucionó a su equipo, Kyle Korver se disfrazó de Larry Bird para meterlo todo y Deron Williams tuvo momentos brillantes. Sloan preparó un sistema de ayudas brutalmente bueno. El EnergySolutions apretó como ningún otro público de la NBA sabe hacer. Y aun así, los Lakers se llevaron un brillante partido.
            Los Lakers son campeones y quien quiera arrebatarles el anillo va a tener que sudar hasta deshidratarse. Como campeones, y por su juego y experiencia, hasta que nadie demuestre lo contrario son los favoritos para ganar la NBA.

            Partidos NBA de hoy viernes:
            Cleveland-Boston
            Phoenix-Spurs


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            sábado, 8 de mayo de 2010

            'El círculo cerrado del ídolo' 08/05/2010 ACB. com Gonzalo VÁZQUEZ

            Gasol es dueño de una carta astral que había anunciado todo lo que ha ido sucediendoEl universo ha vuelto a dar pie con bola. El destino de Pau Gasol cumplió con un capítulo más de un guión divino, contundente e inabarcable. Sus elevadas cotas de talento e inteligencia nunca han necesitado demasiado de impulsos del azar salvo aquel viernes 1 de febrero del año pasado, día en el que un traspaso le hizo recalar en Los Angeles Lakers. Su camino estelar sincronizó el paso con otras vías destellantes y privilegiadas como las de Kobe Bryant, Phil Jackson y Derek Fisher. Entonces Gasol inyectó una nueva dosis de adaptación al medio.
            Su mezcla desenfadada de aire playero, su barba y su pelo largo y rubio a la brisa y al salitre respondían a las influencias hippies, progres y californianas de los Lakers sin perder su aire francés de educación, su carácter alemán de cumplimiento y su porte italiano de seductor de conciencias.
            Kobe Bryant fue el primer convencido. Phil Jackson le descubrió a los pocos meses. Para el entrenador de los 10 anillos, Gasol se reveló como una mina de baja explotación sobre la que había que trabajar de modo intenso. Había que saturarlo con misiones, partidos, trabajos de precisión e intendencia, a veces con el mantenimiento y en otras ocasiones pidiéndole la firma y el sello.
            Ha sido el mejor ala-pívot de la temporada y ha tenido 22 partidos de play-offs para convencer a tanto ateo de su competitividad. En la final contra Orlando Magic, toda la prensa estadounidense, del New York Times al USA Today, se puso a sus pies y él, desde arriba, escucha mejor. Desmintió a Superman porque el elefante tiene cuatro patas (Dwight Howard) y una memoria que te aplasta (Pau Gasol). No hubo rincón de la pista no explorado por el de Sant Boi, resuelto a la hora de defender en el mismo partido a Rashard Lewis, uno de los mejores triplistas de la liga y a Howard, el ogro de las zonas de la NBA.
            Gasol ha vivido la final como un recreo. Se le veía disfrutar entrenando y hablando con la prensa, con un sentido lúdico de la alta tensión propio de los elegidos. En el último partido de la temporada, arrasó a Howard con suavidad imperceptible, demoliendo con cuidado, con paciencia arrolladora. Gasol es un artesano sin escrúpulos, dueño de una carta astral que había anunciado todo lo que ha ido sucediendo. En menos de un mes cumplirá 29 años junto al Mediterráneo. Con el anillo a buen recaudo y en chanclas seguirá recibiendo en el móvil mensajes de madrugada por parte de Kobe
            Bryant,
            solicitando secuelas.

            El ocaso de la violencia 08/05/2010 ACB. com Gonzalo VÁZQUEZ

            No hubo escenas de sangre. Exceptuando la tímida bronca en el estreno de Boston y alguna caricia entre San Antonio y Dallas, la película no ha pasado este año del suspense al terror. Eso que Belbow resumía en el Globe de manera sencilla: "The intensity of the playoffs only amplifies the tension".

            Una tensión que en ninguna edición remite y que ve endurecer el baloncesto y aumentar la proporción de faltas flagrantes por estas fechas. Pero una tensión cuyas consecuencias tienden inevitablemente a ser moderadas con el paso del tiempo. Basta un poco de retrospectiva para comprobar que la violencia, en sus formas más extremas, ha sufrido un serio revés después de muchos años en que su combate no era suficiente.

            De algún modo se ha conseguido que la violencia escandalice. Con efectos sin precedentes.

            Y donde antes el violento podía incluso proseguir en pista sería hoy conducido al estrado como un condenado más. Culpable. Sin paliativos.

            Y valdría preguntarse cómo ha sido todo esto posible. Cómo la intervención cada vez mayor de lo físico en el juego no ha visto un paralelo desarrollo de la violencia, o al menos, de los riesgos que harían estallar la mecha con mayor facilidad. Sobre todo cuando trasladando la ecuación a la vida humana sabemos que una sociedad armada hasta los dientes encierra un potencial de asesinatos mucho mayor.

            Es interesante asomarse a lo ocurrido.

            La historia de la NBA es también la historia de una sucesiva y metódica represión de la violencia. No tanto de las pulsiones violentas como de su liberación.

            Tomamos aquí la idea de violencia en el más amplio sentido. O dicho de otro modo, como todo acto contra el ordenamiento legal. De manera que una falta sería el primer paso en una escala no muy grande que acabaría hipotéticamente en la muerte.

            Para empezar subyace al mundo del deporte una brutal hipocresía que de un lado alimenta las pasiones más bajas y de otro lamenta que estallen. Un conflicto que la experiencia ha demostrado irresoluble.

            Lo que en cambio sí se ha conseguido es que los estallidos de violencia desciendan en número y resulten cada vez menos graves. No fue sólo el natural curso de las cosas o la civilización del deporte. Es que las peores excepciones y los periodos más críticos actuaron como estímulos. De manera que Heysel (1985) o el Palace (2004) estimularon poderosamente la inflexión o lo que se conoce como política represiva.

            No obstante sorprende ver cómo el concepto mismo de violencia ha ido variando con el paso del tiempo.

            La de los primeros pasos de la NBA sugiere incluso trazos de cuadro costumbrista. La violencia no era un factor desapegado ni un cuerpo extraño a combatir. Era la forma misma del deporte. El fiel retrato de una época.

            Se trata de un periodo donde la misma estructura social, libre, democrática, pero rígida y autoritaria, se ve reflejada en cada átomo de la competición. Los propietarios son capitalistas de cierta audacia que aprovechan los alisios de la posguerra; los técnicos, depositarios de una jerarquía tradicional; y los jugadores, ciudadanos trabajadores al servicio del equipo (comunidad), la organización (empresa) y la liga (nación). Compartir los mismos valores y desventuras en aquel principio confiere a todos la mentalidad de jugar en familia, lo que no impide un buen número de refriegas y peleas entre hombres que conocían bien el espíritu militar. Así el exceso en los contactos se asume con naturalidad y, con frecuencia, como una cuestión de honor que resarcir allí mismo, a duelo, en una suerte anacrónica de violencia noble.

            No había en suma diferencia entre baloncesto y baloncesto violento. Todo era uno.

            De ahí que originalmente apenas hubiera contraste entre una falta y una falta excesiva. Para que sonara el silbato no era necesaria la sangre. Pero pocas dudas había sobre su comisión y muchas de las broncas se originaban por la reiteración, el exceso o la represalia. Pero casi siempre, y en esto han cambiado poco los tiempos, como consecuencia de una falta.

            La intervención en el reglamento como medio corrector de la violencia nace casi con la misma liga. En modos y medidas que hoy se antojan inocentes porque el objetivo no era tanto impedir las peleas como el beneficio del agresor.

            Ya en 1950 un pequeño equipo asesor del comisionado Maurice Podoloff, que no ignoraba las virtudes comerciales de las reyertas al modo del hockey, introduce un pequeño cambio para evitar la plusvalía de los astutos.

            En los tres últimos minutos, después que el jugador que recibiera una falta lanzara un tiro libre, la posesión no volvía a manos del infractor. Había salto entre dos, la víctima y su verdugo. Dos años después el jugador rival que intervenía en el salto ya no era el verdugo sino el hombre que defendía a la víctima antes de la falta. Esto fue debido a que los equipos que pretendían ganar ventaja de la comisión de faltas enviaban como sicarios a sus hombres más altos.

            Nace así una bonita distinción entre la falta por error y el deliberate fouling que tantos quebraderos dará en el futuro.

            No habría en adelante grandes cambios. 

            La liga vivió años de relativa serenidad con una violencia tolerable hasta bien entrados los años setenta.

            Una violencia tolerable equivalía, tal y como describía Dan Hofner en el Times, a una media de tres peleas por semana, a romperse los dientes a codazos al rebote y a la ausencia de un cuerpo reglamentario con facultades sancionadoras. Un escenario que alimentado desde la prensa -Basketball tougher than pro football? (Phil Elderkin, 1965)- despertaba un velado orgullo en un mundo de hombres que tímidamente estaba incorporando a los negros a la batalla.

            La violencia como inconsciente juego de virilidades dio lugar a maniobras de poder típicas del cine negro. Uno de estos episodios terminó con la expulsión de Red Auerbach en 1963 al entrar a pista, enfurecido por un goaltending sobre Bill Russell, con la intención de agredir al colegiado Sid Borgia. Con Hawks y Celtics en modo polvorín tuvo que intervenir la policía y en su camino a vestuarios Auerbach las tendría tiesas con un aficionado. El recién llegado al cargo Walter Kennedy impuso al técnico la mayor multa conocida demostrando así quién era de verdad el jefe de la liga. Auerbach, intocable hasta entonces, contaría con auténticos matones a sueldo como Brannum, Loscutoff o Lovellette.

            En ocasiones, si los matones no podían vestir de corto, eran contratados incluso para una noche por algún equipo. Fue el caso del directivo Lou Mohs para proteger a sus Lakers de la visita de los Knicks en enero de 1964. Solía preceder a estas maniobras un sentimiento de venganza por lo ocurrido en alguna velada anterior.

            (Para un esclarecedor retrato oral de aquella época véase el cap. Twenty-five bucks for a punch, en Tall Tales: The Glory Years of the NBA, Terry Pluto, 1992).




            Eran tiempos, como reconocería años más tarde el ideólogo del Flagrant Foul System, Rod Thorn, en que todo lo que ocurriera en pista quedaba en manos de los jugadores. Como si reglamento y árbitros poco pudieran hacer para evitar la explosión del desorden.

            Pero a medida que transcurrían los años aquella violencia tolerada por todos fue gradualmente dejando de serlo. Porque los episodios y sobre todo la tendencia anunciaban cada vez peores consecuencias. Consecuencias que trascendían la anecdótica enzarzada de Bobby Dandridge y Jack Marin en las Finales de 1971.

            No sería hasta 1975 que la suave entrada en la presidencia de Larry O'Brien duplicó las sanciones económicas por conductas de tipo antideportivo. De 50 a 100 dólares la multa (incrementada a 500 en 1984) también para los expulsados que se resistieran a abandonar la escena. El contacto físico con los árbitros pasa igualmente a ser penalizado con riesgo de suspensión.

            Unas penas irrisorias que en el fondo estaban motivadas por el triste espejo que suponía la ABA, y por un temor todavía latente a que sanciones mayores disuadieran a las estrellas de seguir en la liga cuando obsesionaba a su comandancia asestar el golpe definitivo a la hermana pobre.

            Poco imaginaba O'Brien el oscuro periodo que se avecinaba y que no tenía en realidad relación con la otra liga, absorbida finalmente en 1976. Para entonces la realidad había tomado una gran ventaja a su control. De manera muy tímida aquel año será el primero que penalice el empleo de los codos con riesgo para los jugadores. Costumbre que la tinta más satírica había atribuido a Wilt Chamberlain como el único y genuino elbows chain-pion.

            Terminando la temporada de 1977 y habiéndose duplicado el número de peleas cualquier jugador implicado en una de ellas pasaría a ser castigado automáticamente con multa y suspensión.

            Papel mojado.

            En pleno segundo partido de aquellas Finales Darryl Dawkins y Mo Lucas convirtieron por unos segundos la pista en un cuadrilátero. Tres meses antes Bob Lanier había tumbado a Jim Eakins con un fuerte guantazo a modo de martillo que contrariamente al pisotón en la cabeza de Warren Jabali sobre Jim Jarvis (ABA) sí captaron las cámaras. Dos de muchos otros ejemplos.

            Transcurrido el verano nunca una medida daría peor resultado.

            A los dos minutos de iniciada la competición Abdul-Jabbar se disloca la mano derecha en Milwaukee al desatar un directo sobre el rostro de Kent Benson como represalia a un codazo en el estómago. No era más que el preludio a lo que estaba por llegar. Una temporada en que la violencia deviene en epidemia.

            No fue nada casual. Respondía, como suelen los procesos, a un subterráneo que gradualmente acabaría conquistando la superficie.

            En poco tiempo el baloncesto NBA había conocido el peor desarrollo de la lucha por la posición de los hombres altos. A las batallas bajo el aro se añade la manifiesta intimidación sobre los pequeños que se atrevían a penetrar.

            Desde un punto de vista técnico la violencia soterrada alcanzó tal frecuencia e intensidad que muchos jugadores extremaron la competencia sin balón en los aledaños del aro hasta hacer del juego un particular conflicto inter pares.

            Así el curso de 1978 experimenta un repunte que registra nada menos que 40 peleas una abrumadora mayoría de las cuales implica a los llamados enforcers. Precisamente a ellos dedicaba Sports Illustrated su portada y reportaje central en octubre, coincidiendo con el inicio de la temporada.

            El 9 de diciembre Rudy Tomjanovich mantiene durante unos terribles instantes un pulso con la vida en lo que hasta entonces fue el peor episodio de violencia en la historia de la NBA. Kermit Washington, el autor del puñetazo, sería suspendido de empleo y sueldo durante dos meses (en realidad lo sería de por vida). Y sin embargo el 17 de diciembre, apenas una semana después, el joven alero de Buffalo Bill Willoughby desata otro puñetazo sobre Gus Gerard mientras en otro partido Adrian Dantley la había emprendido contra Dave Meyers.

            Aún restaban otras tres docenas de incidentes de severa violencia. Las palabras de Calvin Murphy no lo podían explicar mejor: "Cualquier día vamos a ver morir a alguien".

            La prensa nacional aprovecha el desastre para arremeter contra una NBA a la que hacía tiempo que tenía ganas. El influyente New York Times, en un durísimo editorial, se pregunta en qué clase de subversión ha dado el baloncesto. Y responde: "Bajo los tableros la fuerza y la intimidación son el único juego que hay". En enero Curry Kirkpatrick, de nuevo en Sports Illustrated, refiere la dramática situación como "escalada de violencia" y esgrime las tensiones raciales y la desigualdad salarial como detonantes. El rey de los interiores de la época, Kareem Abdul Jabbar, víctima de los excesos de la mayoría de enforcers como había ocurrido antes con Chamberlain, rompe su silencio: "Mientras la liga continúe viendo este juego como un deporte de contactos, una filosofía que a mi juicio es altamente cuestionable, las faltas violentas seguirán sin ser detectadas". Y advierte que la situación no dejará de empeorar en tanto la óptica arbitral permita "maximizar los contactos y minimizar el potencial de las reacciones violentas".

            La epidemia multiplica las críticas y titulares por todo el país -Basketball as combat sport, Violence on the court, etc.- e incluso The Wall Street Journal se suma a la carga acusando a la NBA de haberse convertido en la National Boxing Association.

            La dureza en el baloncesto había alcanzado su masa crítica.

            Todo ello apremiaba un cambio drástico en la dirección de las cosas. Terminada la temporada de 1978 Larry O'Brien, a través de su director ejecutivo, Larry Fleischer, y el joven abogado David Stern, resolvió poner en marcha un grupo de trabajo liderado por el responsable del reglamento, Joe Axelson, y el presidente de la Asociación de Jugadores, Bob Lanier. Un comité que desmentía las declaraciones del técnico de los Bullets, Dick Motta, y su excesiva confianza en el papel: "The rules are clearly written in the book. The just have to be enforced".

            El mismo Curry Kirkpatrick había sugerido meses atrás dos ideas de carácter salvífico. La primera buscaba potenciar el factor arbitral: menor permisividad y mayor vigilancia. Propuso para ello incluir un tercer árbitro en pista y adoptar la línea de tres puntos, un experimento que ya tenía dos precedentes, la ABL de los primeros sesenta y sobre todo, la ABA, escenario donde había dado buenos resultados.

            La inclusión del triple dilataría los espacios obligando a poner en práctica tácticas de alejamiento general del aro, despejar el interior de parásitos potencialmente peligrosos y lograr en suma una notable distensión del juego y sus más feroces intérpretes. 

            Ambas fueron aceptadas.

            La figura del tercer árbitro fue depuesta dos años después porque la liga no podía hacer frente a aquel gasto. En realidad a ninguno. La crisis de identidad había afectado muy seriamente al completo edificio del baloncesto profesional.

            Pero entre 1978 y 1980 el reglamento espabila años de sopor con la restricción del hand-checking, la protección de las mesas de anotadores y la tímida entrada del concepto flagrant que ve su primer efecto en la ventaja de que el entrenador del jugador agredido elegirá al lanzador de los libres.

            Gradualmente el infierno irá templando.

            La década de los años ochenta vería una Edad de Oro deportivamente hablando. La concepción de la violencia daría un curioso giro con la entrada en el cargo de David Stern. Pero la ignición de los conflictos y sobre todo la proliferación de las peleas, si bien menor, no remitieron en exceso. De hecho lo harían muy poco.




            Ocurrió que la renovada veneración por una histórica rivalidad y la buena marcha del negocio desplazaron repentinamente la importancia de los sucesos violentos. Contra lo ocurrido en la era O'Brien resultaba que la violencia no repercutía negativamente en las audiencias. Y nada lo haría hasta entrados los noventa.

            Así se suele olvidar que los años ochenta fueron esencialmente violentos.

            Una década que asiste impávida a la agresión de Cedric Maxwell a un espectador del Spectrum en plenas ECF, a una sucesión de puñetazos de Buck Williams sobre un Lonnie Shelton tendido en el suelo, de Robert Parish a Bill Laimbeer o de Olajuwon sobre Paultz; a interminables segundos de combate entre Mark West y James Donaldson o a la legendaria refriega entre Julius Erving y Larry Bird. Incluso algunos capítulos, con especial atención a la histórica flagrante de McHale a Rambis, serían arropados de preciado carácter épico sin gran represión de las imágenes por parte de la propia liga.

            Porque en el fondo la rivalidad entre Celtics y Lakers fue el delicatessen que todos habían añorado. Pero también la quintaesencia de lo violento. Sin grandes reproches.

            Así pues la violencia no era el problema. Acaso su gestión de cara al gran público.

            La llegada al cargo de David Stern no marca propiamente un antes y un después. Lo hará pasados casi diez años, cuando el negocio comience a mostrar síntomas de agotamiento. Hasta entonces podía hablarse de una intervención en el reglamento como medio corrector. En adelante Stern se marcará como objetivo la erradicación de lo violento.

            En 1988 acercaría finalmente al cuerpo arbitral a la toma de decisiones que implicaban cambios en el reglamento al tiempo que resolvía el regreso del tercer árbitro. Esta vez para quedarse.

            Los noventa arrancarán en 1993. Lo harán de hecho en el mes de marzo, cuando Knicks y Suns aguardan al final del partido para ajustarse las cuentas y protagonizar la peor tangana de aquella década.

            Stern, ahora sí, toma directamente cartas en el asunto -no dejará de hacerlo en adelante- y a través de Rod Thorn se establece un nuevo código de situación, un reparto posicional de los grupos en juego que prohíbe terminantemente entrar a pista. El primer jugador en abandonar el banquillo durante una refriega será multado con 2500 dólares. Y el equipo con 5000 por cada uno de los restantes que lo haga.

            Quedan delimitadas las acepciones de la Flagrant Foul. De tipo 1, como acción de falta innecesaria. De tipo 2, manifiestamente excesiva. Nace igualmente el sistema por puntos que sanciona la acumulación de flagrantes. No mucho después lo hará con las técnicas.

            Lo que consiguen los perversos años noventa es soterrar la violencia bajo la alfombra. O mejor, emplear las medidas represivas y la militarización defensiva del juego en su favor, incorporando la violencia al baloncesto con una naturalidad sin precedentes, como habían hecho con incuestionable éxito los Pistons, el nuevo patrón a emular.

            Lo ocurrido entre 1993 y 2004 es digno de estudio. Un proceso que combina magistralmente la devaluación de todas las fuerzas creativas con la absoluta normalización de las potencias violentas. Al extremo de formarse plantillas enteras de ejecutores y enforcers al modo de Knicks o  Heat, la artillería perfecta para la nueva industria pesada. Un sofisticado trayecto, como había advertido Lacan, de las reacciones emocionales de ira (peleas) a las demostraciones de finalidad intimidante.

            Son los años del acting out, la peor versión del trash talking y la obscenidad no verbal en el lenguaje in your face. La era del baloncesto narcisista y genital. Pero también de las reyertas cobardes. De colisión de manadas sin que aparezca claro el agresor o alguno tome la delantera.

            Eran los primeros efectos de un velado temor a las sanciones.

            La violencia había completado, pues, un perfecto círculo de perversión. Desde las peleas entre Bulls y Knicks y Hawks y Heat, ambas en 1994, a lo ocurrido en el Palace diez años después el baloncesto NBA podía ser un juego esencialmente violento de manos limpias. Sin aparente comisión de delitos. Infestado en su misma sangre.

            Los terribles sucesos del Palace (2004), los peores nunca habidos, se explican por sí solos. Pero también lo hacen con el tardío final de una sórdida travesía que había permitido el cultivo de demasiados ingredientes nocivos.




            La gravedad de lo ocurrido trascendía esta vez los editoriales de prensa. Entre el rigor y el oportunismo se multiplicaron los estudios que hablaban en términos de violencia indispensable, de porcentajes de sospecha -el 21 por ciento de los jugadores de la NFL había sido arrestado por agresión (David Walsh, ICFI, 2004)-, y de fenómenos que atacaban a las raíces mismas de la cultura norteamericana.

            La alarma era incluso más grave de la encendida a finales de los setenta. Aunque la teoría insinuara una tragedia similar: la ruptura entre estrellas y espectadores, el intocable star system y su principal depositario, el gran público.

            "Soy yo quien decide", advertía con mano de hierro David Stern. A partir de Artest las sanciones podían valorarse en millones de dólares. Las salidas del banquillo acarrearían suspensiones automáticas, su equivalente en salario y multas de hasta 20 mil dólares. Dos flagrantes la misma noche conllevarían suspensión y el hand-checking quedaría definitivamente prohibido en campo abierto.

            El reglamento pasa incluso a un segundo plano y su soberanía será suplantada por la decisión personal de los guardianes contra los unsportsmanlike acts. Cargos como Russ Granik y Stu Jackson comienzan a ocupar planos de actualidad.

            Poco antes Jerry Colangelo había heredado la tarea iniciada por Rod Thorn y arropado por un comité de expertos establece una fina aritmética que busca equilibrar espacios y contactos. En realidad la nueva política reglamentaria no buscaba poner fin a la violencia. Sino liberar el juego de los correajes que venían sometiéndolo la década anterior. Sólo que las consecuencias serían muy favorables en el terreno de lo violento. Mayores incluso de lo esperado.

            Como si en la misma constitución del juego residiera la solución. De modo que a mayor castigo al contacto mayor evaporación del juego duro, el caldo que conducía a los jugadores a la ebullición.

            Sobre ello gravitó una política ilimitada que se extendió vertical y horizontalmente: implementación de la seguridad en los pabellones, prohibición de venta de alcohol en los últimos cuartos, código de vestimenta y un límite de edad de acceso a la NBA. Los árbitros tendrían incluso potestad para expulsar a espectadores.

            Así en la segunda mitad de los dos mil, obviando la cobarde trifulca entre Nuggets y Knicks, los incidentes resultan tan aislados que el empujón de Robert Horry a Steve Nash, el baloncesto terrorista de Bruce Bowen o el discreto codazo de Garnett sobre Richardson alcanzan una relevancia excesiva, en otro tiempo impensable, y que verifica la condición escandalosa que precisamente David Stern pretendía para las llamadas acciones violentas.

            Sprewell, Artest, Carmelo o Arenas serían colgados sucesivamente a la vista de todos.

            La operativa de represión amplió al máximo las fronteras del control. De modo que fuera posible sancionar a jugadores, técnicos o propietarios que cargasen contra la labor arbitral. Jackson, Cuban, Van Gundy o Howard saben que la crítica ni siquiera debe producirse a micrófono abierto. Cualquier canal de las nuevas tecnologías tiene perfecta validez.

            Los resultados de todo este gigantesco proceso histórico se viven aquí y ahora.

            En relación a tiempos pasados la NBA actual es una bucólica pradera de juego.

            Al extremo de que la violencia explícita de antaño ha devenido hoy en material que descifrar: enganchones al hierro con riesgo de técnica, el mismo castigo por partida doble a un ligero intercambio de malas palabras; no levantar al rival tendido en el suelo, preámbulos en los videomarcadores que enciendan los ánimos o números previos al salto inicial que marquen territorio subrayando la presencia de machos alfa, al estilo de Kevin Garnett.

            Peligros autorizados para todos los públicos.




            Erradicar la violencia del baloncesto representa un bien deseable.

            Pero las medidas represivas en cualquier ámbito de la vida no suelen reconocer límites claros. De manera que si la intervención de lo artificial prosiguiera su camino hasta la más absoluta tiranía, daríamos en absurdos tales como la expulsión de Tim Duncan por esbozar un simple sarcasmo en el banquillo o la condena pública de un jugador que no salude a sus verdugos, un uso completamente normal en los venerados años ochenta.

            Un panorama esclerotizado por el absurdo represivo sería incluso menos deseable que la violencia a reprimir.

            Por dos razones:

            • Porque todo deporte de equipo es por naturaleza violento.

            • Y en consecuencia, ninguna represión conseguirá nunca librar al deporte de estallidos de violencia igual que la Sociedad de Naciones no pudo evitar la gran guerra.


            No mientras sea el hombre quien esté ahí abajo.

            La rara identidad zurda 08/05/2010 ACB.com Gonzalo Vázquez

            En el mundo hay de todo. Hay autistas y gigantes, locos y guapos, ricos y obesos, pilotos y ciegos, albinos y poetas.

            Y hay zurdos.

            Los hay por todas partes. Los hubo siempre. Y en una proporción sospechosamente invariable. Entre ocho y trece sujetos de cada cien nacen inclinados al otro lado.

            Hay toda una rica literatura creada en torno a esos individuos que están aquí desde el principio y, más que nadar contra corriente, ocupan uno de sus márgenes, el suyo. Sorprenden al diestro con su rareza y sugieren por ello un extraño colectivo cuyo único denominador común es eso mismo: ser zurdos. Tocar el mundo con la otra mano.

            Son tan diversos y numerosos los estudios sobre esta suerte de vida que ni su sola mención cabría aquí ni se daría, por pequeño que fuese, un acuerdo. Parecen morir antes, fueron estigmatizados en tiempos y culturas (siniestro proviene de izquierda), ganan más dinero, su presión sanguínea es mayor y un sinfín de extrañas teorías y cosas. Son estudios que van de la genética a la ergonomía, de la demografía al arte, de la sociología a la economía o de la historia a la neurología. Estudios a menudo tan fascinantes como ese recurrente encanto que los asocia al genio (Aristóteles, Leonardo, Miguel Ángel, Newton, Einstein, Gandhi, Chaplin, Hendrix).

            Porque la ciencia empieza a acordar con ellos una especie de pensamiento divergente (Dr. Stanley Coren) que hablaría en términos de inteligencia. Como si emplearan los dos hemisferios del cerebro en proporción muy superior a los diestros, promoviendo asociaciones de ideas nada convencionales que alumbraran territorios inexplorados.

            Aquí el campo es mucho menor. Infinitamente más pequeño. Pero no por ello menos apasionante. Así el artículo bien podría prologar una bonita obra por título El baloncesto zurdo. Y como tal, no son más que unas líneas sin un significado preciso.



            El zurdo más famoso del mundo


            Para empezar no hay en el mundo un solo jugador diestro que no haya experimentado, a cualquier nivel de juego, la radical diferencia que supone incorporar a la escena a uno de estos tipos. Cuando el balón cae en sus manos el mundo de repente da la vuelta, gira del revés. Y esto pone en alerta a todos. Alarma: zurdo a la vista.

            Porque lo primero que enciende la visión ante un jugador zurdo es que, por encima de cualquier otra consideración, es zurdo, radicalmente zurdo.

            Esto, como demasiado evidente, no lo es tanto. Significa que el zurdo es más zurdo que el diestro diestro. Que el diestro usa y el zurdo abusa. Que éste hace de su diferencia un referente mientras el diestro reparte sus poderes como más moderadamente por todo el cuerpo.

            En el fondo hay en esto mucho de ilusión óptica. El mundo está organizado de tal modo que el zurdo asoma demasiado a ojos de todos, jugadores y espectadores. Incorpora su diferencia a un plano tan cenital que la amenaza, esa mano inquietante, salta en exceso a la vista ofendiendo a la seguridad del diestro.

            Esa sensación algo embarazosa actúa como un síndrome y se explica de modo sencillo: un jugador diestro ignora a menudo dónde se encuentra su tesoro más preciado. El suyo propio. Y sin embargo está convencido de dónde reside el peligro en los jugadores zurdos. Eso genera una ligera turbación, una molestia, una incomodidad que luego podrá ser o no apagada. Pero aflora de entrada.

            Otra de las típicas ilusiones ópticas es que sorprende mucho más la canasta con la mano izquierda de un jugador diestro que la cesta diestra de un jugador zurdo. La explicación es tan simple como que una -la canasta del zurdo- se adapta al orden de las cosas y la otra lo quiebra, siendo esta última como mayor motivo de aplauso. El caso más cercano al mito del ambidiestro pertenece a Larry Bird. Nadie reparó nunca en elogiar el uso de su mano izquierda. Pero al mismo tiempo muy pocos en considerar su zurdera natural, es decir, que su vida privada operaba con la mano izquierda.

            En el baloncesto, donde las manos son el juego mismo, los zurdos han tenido siempre una presencia natural -en proporción a la estadística-. Pero su intervención tuvo siempre algo de especial. Y muy sobre todo en algunos casos. Casos que hay que decir desde ya, fueron pocos.

            Nuestro tiempo ha superado la idea de que ser zurdo fuera un defecto. El baloncesto debiera pensar lo mismo si cree que es una ventaja. Porque no lo es más allá del factor sorpresa que supone medirse a una categoría técnica tan en minoría.

            Cualquier estudio sobre ellos en nuestro juego debiera ser honesto empezando por alejar esa idea de que los zurdos son iguales o parecidos entre ellos. Porque no es así. A lo más, lo fueron siempre en su mecánica de lanzamiento. El célebre séptimo partido de las Finales de 1970 arranca y termina con sendas canastas de jugadores zurdos, Willis Reed y Dick Barnett. Si cortáramos el plano del torso hacia arriba en los dos tiros, observaríamos muy poca diferencia. Y sin embargo la hay. Tan grande como la estatura.

            En nuestro deporte los zurdos no han sido ni los mejores ni los más fuertes. No han dominado nada en particular. Hay de hecho muy pocos entre los que la historia estima mejores. De ellos tan sólo siete de los cincuenta elegidos en 1997 fueron zurdos. Un catorce por ciento del total para verificar esa proporción mundial.

            Entonces, si los zurdos no se parecen demasiado entre sí y lo hacen poco o nada con sus hermanos diestros, ¿cómo poder agruparlos por debajo de la cualidad que les da nombre?

            Para estos casos lo más acertado suele ser alumbrar un eje muy sencillo, algo que pueda saltar a simple vista. Y ese algo lo encontramos en un concepto que podríamos denominar predominancia.

            Siendo justos no todos los jugadores zurdos hacen de su mano izquierda su principal fortaleza. No todos se explican casi exclusivamente a través de su zurdera. La predominancia nos ayudaría a entender el grado de intervención en el juego de esa mano izquierda. De manera que podamos separar de forma natural la predominancia extrema en Toni Kukoc de la predominancia baja en Bill Russell.

            Esta variable contribuye además a aclarar dos cuestiones cruciales:

            - El consumo de balón. No hay factor más decisivo en el reconocimiento de un zurdo.
            - Y en consecuencia, la relación inversamente proporcional entre la estatura y la predominancia de la mano izquierda. Como si a mayor altura menor fuera el abuso de una sola mano.

            Como suele, nada mejor que los ejemplos para aclarar un campo tan amplio. Y la predominancia nos va a permitir abrir al menos cuatro grandes categorías en el género zurdo:


            Zurdos de predominancia baja

            La elección facilita mucho las cosas. Cierta observación a la demografía histórica indicaría que la estatura actúa en los zurdos reprimiendo el abuso de su mano predominante. Y más que la estatura cabría hablar de posición. Esto es, que cuanto más vencidos los jugadores al juego interior mayor fue su integración en un tipo de baloncesto que no precisaba de exhibir en exceso la mano izquierda.

            Así ejemplares como Bill Russell, Willis Reed, Clifford Ray, Bob Lanier, Caldwell Jones o David Robinson fueron zurdos como perfectamente podrían haber sido diestros. Lanzaban, pasaban o taponaban con su mano izquierda porque eran zurdos. Pero no abusaron de ello a un extremo que los diferenciase especialmente de los interiores de su época. Y en el combate cuerpo a cuerpo, la escena ideal para el deporte zurdo, esta igualación en los hombres altos se ha venido verificando siempre.

            Las batallas de Russell y Chamberlain y de éste con Abdul Jabbar -con especial claridad en las WCF de 1971- no se distinguían por el uso de manos sino mucho más por el combate posicional en las cercanías del hierro. Y lo mismo en el caso de Lanier y Abdul-Jabbar, y sobre todo, en el de Robinson-Olajuwon. En este último los grandes episodios brindados, y muy en especial en mayo de 1995, confirmarían que el llamado factor sorpresa de los zurdos es un asunto menor en relación a la calidad técnica de ambas manos. O cómo un gran pívot zurdo puede ser completamente anulado por su par diestro.

            Es como si en los espacios interiores, allá donde se reducen los desplazamientos y la libertad de manos, el zurdo ahogara su distintivo sin que suponga un factor técnicamente relevante. A menor espacio mayor la distribución del juego hacia porciones del cuerpo que escapan propiamente a las manos.





            Zurdos de predominancia media

            Conviene recordar que estas categorías son genéricas y, por lo tanto, más abiertas que cerradas. Permiten distinguir gráficamente tanto como integrar a unos y otros en una escala mayor o menor en función de diversos factores uno de los cuales no puede ser omitido: la conversión táctica de la edad.

            En una primera etapa Chris Mullin, zurdo hasta los tuétanos, era un jugador en progresión hacia la condición de all around. A medida que se fue haciendo anotador fue incapaz de concentrar sus poderes en una sola mano, por muy visible que ésta fuera.

            Con el paso del tiempo Mullin fue desnudando gradualmente todo lo demás hasta mantener intacta su mayor virtud técnica de siempre: el tiro, algo que por obligación había llevado al extremo en Barcelona ("¡Noticia! -exclamaba Barthe-. Mullin acaba de fallar"). Esto explicaría que el último Mullin de Indiana pudiera ser, en esta teoría de manos, perfectamente intercambiable por un diestro puro como Chuck Person. Porque para entonces su zurdera ya sólo se hacía visible a través del tiro.

            En un grupo que ve la presencia de Michael Redd o Kareem Rush la cosa se explica de modo sencillo. Cuando los jugadores llamados pequeños no intervienen excesivamente en el dribbling ni se marchan de sus pares valiéndose de su zurdera, cabe hablar de predominancia media, una categoría muy generosa que permite integrar a los zurdos de bote escaso y tendencia al tiro (Dick Barnett, Derek Fisher) como a los que reprimen muy mucho su consumo de balón por bienes más generales (Lionel Hollins, Tayshaun Prince). Estos jugadores no son abusivos en ningún caso; no hay un aspecto hegemónico en ellos, ni siquiera su mano predominante. Ejemplos como Dave Twardzik o Jack Marin ratifican que ser zurdo en los años setenta no implicaba correr a bote izquierdo como locos. Las detenciones en el juego, sus esperas con el balón bien atrapado a dos manos aguardando el pase, hablarían en términos de calma zurda que permitiría incluso integrar a anotadores algo más templados como Gail Goodrich o Billy Cunningham o sujetos tácticamente más intermedios como Michael Young o Delonte West.

            De ahí que esta categoría resulte muy amplia. Es capaz de acoger jugadores zurdos de inclinación interior por estatura (Michael Beasley, Josh Smith, David Lee, Bison Dele, Chris Bosh, Wayman Tisdale, Dave Cowens) como a ejemplares profundamente reconvertidos.

            Un ejemplo perfecto de cómo la conversión interior reprime la zurdera natural lo ofrece el caso de Stacey Augmon, de exterior agresivo de atletismo zurdo a interior de contención sin relevancia de manos. 

            Algo parecido ocurrió con un zurdo puro como Derrick Coleman. En una primera etapa su caso era perfectamente hermanable al de Zach Randolph. Y sólo el descenso en la proporción de lanzamientos, más desmedida en este último, termina por separarles.


            Zurdos de predominancia alta

            La más clara de las cuatro categorías. Agrupa a la inmensa mayoría de exteriores pequeños de género zurdo que ha dado la historia.

            Es la más visible de todas porque el consumo de balón, una imagen que se traduce en decenas, centenares, miles de botes de repetición con esa mano extraña, botes tantas veces seguidos de lanzamientos zurdos, pone de manifiesto que el factor predominante en esos jugadores lo es infinitamente mayor que cualquier otro aspecto a reseñar.

            Puede que no haya nada más reconocible a la vista en los jugadores zurdos que la reiteración, no del bote y el tiro por separado, sino de una secuencia dactilar que vincula a fuego ambos: bote y tiro. Zurda y zurda.

            Es un aspecto tan rotundamente común en ejemplares de ancha historia como Guy Rodgers, Lenny Wilkens, Al Skinner, Kevin Porter, John Lucas, Nacho Solozábal, Johnny Dawkins, Avery Johnson, Ferdinando Gentile, Kenny Anderson, Greg Anthony, Elliot Perry, Nick Van Exel, Travis Best, Damon Stoudamire, Jalen Rose, John Crotty, Carles Marco, Cuttino Mobley, Beno Udrih, Mike Conley, James Harden o Brandon Jennings, que para definir al género zurdo en toda su extensión bastaría con esta corriente alterna de electricidad completamente zurda, el factor determinante en el más numeroso de los grupos.


             


            Esta categoría incluye un tipo algo extremo de jugadores que parecían afrontar el baloncesto como una colisión directa entre su tiro zurdo y el mundo. Los casos de Zach Randolph, Kenny Simpson o el tardío Walter Berry son, casi antes que zurdos, jugadores abusivos, auténticos manirrotos.

            Por otro lado la estatura o la posición interior no siempre actuaron reprimiendo la zurdera. Así fue en Jeff Turner, Brad Lohaus, Sam Perkins, Anthony Mason, Calbert Cheaney, Rodney Rogers, Chris Gatling o el más manco de todos, Keon Clark. Jugadores que por diversas razones no sintieron la necesidad de emplear ambas manos. El caso de Artis Gilmore es muy llamativo en este sentido. El hombre se retiró muy longevo sin descifrar el apoyo de su mano derecha al balón en los tiros libres. Su diestra era sencillamente nula.

            Asimismo un híbrido entre el perímetro y el interior como Lamar Odom cabe en este grupo por lo desconcertante de su mano derecha, una cualidad mucho más común en los zurdos de lo que se presume a la vista. En el alero angelino son años de costosa tendencia al apoyo de su mano y costado derechos y aun así sería muy difícil integrarlo en otra categoría que no oscureciera la mano diestra.


            Zurdos de predominancia extrema

            El más fascinante de todos los géneros. El que invita a emplear la expresión zurdo puro y hasta a zambullirse en ese imaginario que les atribuye un cierto misterioso genio creativo.

            Si ya sorprende el uso de esa mano falsa en el panorama general del juego la intervención de un zurdo extremo moviliza la atención y provoca una fuerte impresión en el ojo espectador. A menudo esa primera impresión, si no entra en detalles, observa a un jugador cargante, retorcido y opulento en su diferencia. Su mano izquierda es una amenaza tan visible y constante que atacando semejan disponer de un machete con que poder cortar la maleza defensiva, todo lo que les vaya saliendo al paso.

            La tremenda dificultad de defender a estos jugadores no estriba, como se pueda pensar, en lo desacostumbrado de hacer el espejo a un zurdo. Ésta es la menor de las razones. La mayor es que por algún motivo son jugadores de proceder extremadamente imprevisible. Como si al cortar agresivos hacia dentro obligaran a los defensores a recular en una décima todo lo aprendido en la defensa al hombre.

            Cierto que la zurda agresiva se muestra muy difícil de defender en los combates mano a mano. Y aunque la apertura del zurdo se produzca por lo general hacia el lado bueno de los jugadores diestros no resulta nada sencillo el desplazamiento extra a que obligan. Y nada más reconocible en ese sentido que la bandeja apurada de un zurdo con el hombre encima. Por alguna extraña razón y un magnífico uso del cuerpo al contacto lateral los zurdos reciben pocos tapones en sus entradas al hierro.

            La creatividad no es un rasgo ni mucho menos exclusivo de estos jugadores. Pero la creatividad puede ser el más distintivo de los rasgos en algunos zurdos extremos. Irregulares o de corto brillo, tendentes a la dispersión y aislamiento, pero en todo caso proclives a la creación inmediata y a menudo contra la lógica, como tanto sorprendía Igor Kudelin.

            En este mismo sentido de creación ininteligible el baloncesto de Larry Spriggs a su paso por Madrid era una constante rebelión a la forma. Así no había lanzamiento que no viniera precedido de inexplicables rectificados o pases que no tuvieran forzosamente la intención de desenlace. Como si en una novela de detectives el tipo sólo pudiera escribir la última página.

            La historia, esa relectura que acierta en subrayar tanto como yerra en olvidar, ha concedido una importancia crucial a Earl Monroe como detonante de los llamados skills con balón que prefiguran parte del baloncesto moderno. Y sin embargo el calado directo de Nate Archibald fue mucho mayor en los jugadores pequeños, y muy especialmente, en los exteriores zurdos. De Archibald deriva no sólo un genial diestro como Isiah Thomas, sino todo ese numeroso fenotipo citado en el epígrafe anterior. Toda una masa de pequeños que resultaría informe e inclasificable de no haber sido por la continua electricidad de su mano izquierda.

            Si hubiera de rescatar un ramillete de nombres que abriese una categoría casi exclusiva para ellos, un selecto colectivo de extrema izquierda, tal vez nada más representativo que el trío formado por Sarunas Marciulionis, Toni Kukoc y Manu Ginobili.




            Sobre notables diferencias en su despliegue comparten sin embargo una misma huella dactilar. Una zurda genial. Un brutal contrapunto del juego que invitaba a pensarlos en eso que el inglés refiere como game changers.

            Resultaría sencillo definirlos simplemente como meros abusadores de su arma principal. Pero hay algo más. Hay mucho más. Un factor de inteligencia que ocupa un primer plano precisamente a través de su gran misterio, el más visible de todos: su mano izquierda.

            Son incontables las acciones que confirmaban no ya un gran entendimiento del juego sino una forma de comprenderlo como específicamente suya. Y a juicio de muchos rivales, seguramente endemoniada.

            Detenido frente a su defensor, descendido el tronco al completo, la oscilante secuencia de bote bajo a zurda de Toni Kukoc antes de emprender la arrancada -lapso de confusión que Valdano refirió en Butragueño como el embrujo- era el preludio de uno de los mayores problemas que una pista de baloncesto haya conocido jamás en Europa. Un 2.08 que de inicio obligaba al defensor a descender su centro de gravedad tan a ras de suelo como la intuición defensiva. Era una de tantas maneras de jugar con el rival como con un muñeco. Una permanente sorpresa que se apagó tan pronto Kukoc salió de Europa.

            Porque de la misma manera que Petrovic fue barrido de alardes técnicos a su paso por New Jersey, Kukoc terminó siendo en Chicago un zurdo de predominancia media. Ambos casos en nombre de la eficacia. Una eficacia real. Pero a un alto coste formal.

            Mucho más hermanados aparecen Marciulionis y Ginobili. Contar con un tronco inferior muy poderoso permite cambios de ritmo que causan sistemáticos desequilibrios. Y con una frecuencia reveladora, irremediables. Nunca un zurdo supo abrirse de manera más imparable hacia su lado bueno que Ginobili. En este zurdear el juego es curioso que estos jugadores precisen muy poco del crossover, recurso mucho más propio de la fauna diestra.

            De las grandes diferencias que abre el argentino con el lituano, una de las más interesantes proviene de la secuencia de bote. Uniforme en Ginobili, discontinua en Marciulionis. Éste aprovechaba un bote alto y contundente que pausaba por sistema arriba, al contacto del balón con la mano, procurando así la enorme sorpresa de arrancar en cualquier dirección desde ese punto. Y más allá, dotar al balón en los pases de una ligereza propia de los grandes pasadores. Este tipo de zurdo suele además disparar los pases al bote, sin ningún otro apoyo. Gusta de ello porque domina infinitamente su mano.

            Cuando a un zurdo extremo como Ginobili se le añade el hustle de Rodman o Cowens el resultado es una amenaza total y la conversión de la mano izquierda más que en un apéndice del tronco, en el cuerpo mismo. Como una compacta unidad. Así se explica el violento tapón a Garnett que acaba con éste en el suelo a pesar de la diferencia de más de veinte kilos de peso.

            Los zurdos, de cualquier tipo, enriquecen enormemente el baloncesto. Pero generan una controversia que afecta incluso al gusto. Para unos resultan encantadores. Envidian esa rara facultad. Para otros, en cambio, no son más que una perversión técnica.

            Y sin embargo, el día que aterrice en el mundo el zurdo perfecto sabremos que deberá funcionar con igual simetría que cualquiera de los más grandes jugadores habidos. Con la misma. Porque en caso contrario, no superará el síndrome. Y de momento los zurdos siguen pecando en exceso de serlo.

            Afortunadamente el baloncesto sigue y seguirá siendo algo tan relativo que igual que hubo zurdos extremos hubo diestros del mismo polo (Connie Hawkins, Dominique Wilkins, Rudy Fernández) sin que ello suponga mayor ventaja que la que el cerebro encierre en cada uno de ellos.

            A fin de cuentas son dos las manos.